El Parque Chaumont
Daban las 4 p.m., me encontraba sentado leyendo un libro- en el parque Chaumont- mientras esperaba a Lucía, el paso de las horas se hacía cada vez más lento. Son las 4:30 p.m., levanto la mirada para ver el crepúsculo, pero no puedo evitar verla, quedé admirado por su belleza.
Ella es el brillo del ocaso, sus ojos azules como el cielo y profundos como el mar con pestañas largas y rizadas; me perdía en su mirada sin importar en la distancia que me encontraba, pude notar que es una mujer segura de sí- en apariencia-, pues existe un acontecimiento que marcó su vida, a los siete años fue violada por su tío; sin embargo, ella prefirió dejar ese pasado para sobresalir y convertirse en una mujer admirable.
Seguí observándola y noté como su cabello de color chocolate, largo como la noche y suave como el terciopelo, con unas ondas que bailan en el viento como si la melodía del aura la enamorase; ella disfrutaba del aire en su rostro. Entre todas las mujeres, observé en ella la elegancia de toda mujer parisina, delgada de aproximadamente 1.75 cm., tiene una hermosa figura (no es la típica mujer de televisión). Su manera de caminar era singular, sus brazos se deslizaban con una sutil delicadeza sobre su vestido como una lágrima sobre el rostro; sus hermosas manos con unas pequeñas uñas rosadas revelan el nerviosismo que ella tiene ante una circunstancia.
Se va acercando paso a paso con una coqueta sonrisa en el rostro, pero intimidada al mismo tiempo por la manera en como mis ojos la observan tan detalladamente. ¿Será que notó el deseo que siento por ella desde que mis ojos se cruzaron con los suyos?